Lamine Yamal lleva su esencia libre y sin protocolos hasta en sus saludos al rey Felipe VI con quien se muestra confiado y de lo más cercano.
Lo vimos por primera vez cuando Lamine Yamal (19 años) subió a recoger su medalla como campeón del Mundial de la FIFA en el estadio de Nueva Jersey. Él, junto al resto de sus compañeros de la Selección española, debía saludar a las autoridades presentes tras su histórica victoria. Ahí estaban todos. Trump, Claudia Sheinbaum, Gianni Infantino… y, por supuesto, Felipe VI.
Cuando llegó el turno de que el joven saludara al monarca español, entre ambos se dio un saludo alejado de cualquier protocolo. El Rey acercó al joven hacia él, quien se inclinó de una manera lateral. Las manos de Lamine dibujaron el mismo saludo que este había brindado a cualquier colega de Rocafonda, el barrio que lleva por bandera. Fue un gesto especial y que no se dio con ningún otro jugador. Entre ellos hubo cercanía, complicidad y mucha naturalidad.
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Tan solo un día más tarde, el contacto volvió a repetirse de idéntica manera. Esto ya no era casualidad. Era un patrón. Por eso hemos querido contactar con Vanessa Guerra, experta en comunicación no verbal, quien señala que la cercanía entre ambos hombres se inicia incluso antes de darse la mano.
El Rey crea un contacto visual con Lamine diferente a los demás”, puntualiza. Ambos cruzan una mirada tierna antes de proceder al saludo. “Lo vemos en cómo le sostiene la mirada mientras dibuja una sonrisa con labios cerrados que expresa su alegría y orgullo por él”.
La experta en lenguaje no verbal también nos advierte de que la juventud de Lamine provoca en su interlocutor una “actitud paternalista”. Y no sería de extrañar que le viera casi como un hijo, puesto que el jugador tiene exactamente la misma edad que la infanta Sofía, su hija menor. Eso, sin duda, crea una identificación inmediata, lo que provocaría en el monarca esas emociones de ternura y protección.
Contrariamente a lo que uno podría imaginar, es el Rey quien ofrece su saludo más informal, no el futbolista. “Después de darle la mano, es el Rey el que cambia el saludo formal por un agarre de manos más informal y trae a Lamine Yamal hacia sí”, analiza Guerra. “Ese tipo de agarres lo vemos entre amigos o entre equipos deportivos, lo cual le sirve al Rey para transmitir empatía y cercanía a una generación de jugadores jóvenes”.
Por tanto, es Felipe VI quien deja toda institucionalidad de lado. Es él quien rompe el protocolo y quien se acerca, por así decirlo, a la calle. No desean que le vean como una figura lejana ni autoritaria. Todo lo contrario, es él quien da pie a la familiaridad, a ser tratado como uno más. Pero haciendo esta excepcionalidad solo con Lamine.
De sobra es conocida la historia de este hijo de inmigrantes que ha reclamado su derecho a ser visto y tratado como un español más. Su padre nació en Marruecos, su madre, en Guinea Ecuatorial. Llegaron a Cataluña de pequeños y trabajaron durísimo para salir adelante. "Mi madre ha cotizado aquí durante años y mi abuelo fue militar aquí. No tienen derecho a decirme 'vete a tu país', porque mi país es este", ha defendido Mounir Nasraoui, progenitor de Yamal.
Felipe quiso romper cualquier barrera con el joven, y este, sencillamente, “se dejó llevar” cuando el Rey lo atrajo hasta sí. Aun así, el joven buscó marcar respeto y lo hizo a través de su cuerpo. “Debemos destacar que Lamine se gira para evitar un abrazo frontal, lo cual es una muestra de respeto hacia el Rey, que se salta el protocolo para demostrar afecto y orgullo hacia Lamine Yamal. Lamine responde a ese ‘semiabrazo’ agradeciéndolo, bajando la cabeza y colocando su mano izquierda en la del Rey y el Rey a su vez le da dos palmadas en la espalda”.
La experta en lenguaje no verbal insiste en que “Lamine Yamal ni se saltó el protocolo ni absusó de su confianza con el monarca”. Todo lo contrario. En todo momento, el futbolista se dejó llevar por el ritmo cercano que marcaba el monarca. “Se trata de un gesto de afecto y agradecimiento enmarcado en un acto protocolario, pero apto para que el Rey pueda improvisar expresando su orgullo, cercanía y apoyo a una joven selección española. Y el futbolista respondió de manera educada y correcta”.
Felipe desea tender un puente a la diversidad cultural, que siempre ha convertido a España en un lugar acogedor y extremadamente rico. Aquí no damos la espalda, tenemos la mano. No se empuja al que viene de fuera, se le atrae contra el pecho. Se le abraza. El jefe de Estado sabe que este saludo es mucho más que un simple gesto. Es una bandera de paz, armonía y respeto, en uno de los momentos socialmente más complejos en los que nos hallamos. Él sirve de ejemplo y, sin pronunciar palabra, envía una potente lección de “inclusión y reconocimiento” para todo aquel que todavía no ha entendido que esta es la verdadera prioridad nacional.




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