La institución, con sede en el municipio de Malambo, es referente nacional por la calidad educativa y las oportunidades que brinda a estudiantes de familias de escasos recursos económicos.
Malambo, Atlántico, 26 de septiembre de 2026. En la sala de su casa, en la urbanización Bellavista, los esposos Humberto Manuel Vásquez Ortega, biólogo, y Rosaura Ortega de Vásquez, socióloga, adecuaron un aula escolar para educar a 24 niños del sector, sin tener la certeza de que ese gesto se convertiría, con el paso de las décadas, en el Colegio El Socorro.
La institución, considerada un hogar académico, hoy es reconocida por implementar el modelo de Escuela Nueva con un enfoque participativo y comunitario, el cual capacita a más de 1400 estudiantes desde los primeros grados hasta el bachillerato.
Su ubicación, en un sector de estratos 1 y 2, atiende a alumnos vinculados mediante el sistema de banco de oferentes y a estudiantes de matrícula privada; una combinación que, lejos de ser una limitación, se ha convertido en el sello distintivo del colegio en su apuesta por la excelencia académica.
Ese compromiso fue exaltado en 2016, cuando el Ministerio de Educación Nacional destacó al Colegio El Socorro como el mejor colegio privado del país, un reconocimiento derivado de su desempeño en las pruebas Saber y de un modelo de formación integral cimentado en la disciplina, los valores y la exigencia académica.
"Es un colegio que se encuentra en el municipio de Malambo, de estrato 1 y 2, que cuenta con estudiantes de banco oferente y estudiantes de matrícula privada, en un sector que es bastante vulnerable", explica Lucy Vásquez, rectora del Colegio El Socorro.
Destacó que la comunidad sigue empeñada en fortalecer, día a día, la parte académica y la formativa a través de prácticas deportivas y artísticas como la música. "De verdad ha sido un trabajo duro, porque el sector no es fácil, pero cada día buscamos que nuestros jóvenes sigan formándose con buenos proyectos, entregándole a nuestro municipio una gran muestra para el futuro", anotó.
Explicó que la exigencia se traduce en que los estudiantes de los grados décimo y undécimo asisten a clase de lunes a sábado, incluso en días festivos, con el domingo como única jornada de descanso. "El resultado es que el colegio ha llegado a obtener entre 16 y 18 becas en las pruebas ICFES, un indicador que resume años de trabajo conjunto entre directivos, docentes, estudiantes y familias", manifestó Lucy Vásquez.
Al frente de la parte administrativa está Fabio Vásquez, hijo del fundador, quien, junto a sus hermanos, sostiene hoy el proyecto familiar que se ha convertido en patrimonio educativo de Malambo.
"La importancia es mucha. Es un colegio que se ha sostenido durante 45 años sirviéndole a la comunidad y siguiendo el legado de nuestros padres. Hoy, junto a mis hermanos, seguimos sacando esto adelante con la ayuda de la comunidad, de los estudiantes y de los padres de familia; sin duda, el legado debe continuar", afirma.
Para Vásquez, la labor de la institución trasciende lo académico. "Sabemos que la situación social en el país está un poco complicada, y la labor que tenemos es, sobre todo, alejar a los estudiantes de esos malos pasos; incentivarlos mediante el estudio a que sean profesionales y a que sigan creciendo, guiándolos a ser los mejores del municipio y de Colombia".
Ese propósito lo reconocen también las familias que han depositado su confianza en la institución durante años. Beatriz Navarro, madre de dos estudiantes de noveno grado, resume el aporte del colegio a su hogar y al municipio de Malambo.
"Es muy importante para mí porque contribuyen mucho, sobre todo en los valores de los niños. Ahora mismo están apoyando mucho la música y la creatividad. Me parece que ha aportado bastante al municipio y a la vida de nosotros como personas", comentó Navarro.
Además, se refirió al rol social que aporta el colegio a la imagen de Malambo mediante la promoción de espacios de convivencia. "Le quitamos la imagen al municipio de que solamente es violencia. También están estos espacios creados para que los niños se diviertan sanamente, compartan y se integren con otros", aseguró la madre de familia.
La vocación formativa es confirmada por sus estudiantes. Helen, integrante de la banda músico-marcial de la institución, lleva seis meses en el grupo y describe el cambio que ha sentido.
"He sentido un gran cambio; me siento feliz de pertenecer a la banda y de tocar un instrumento. Es un orgullo poder representar a nuestro colegio y que la gente vea que estamos aquí en su nombre", señaló la joven.
Para Helen, las actividades que complementan la academia también son formas de aprovechar el tiempo libre. "Estamos en un momento en el que tenemos actividades recreativas y no estamos desperdiciando nuestro tiempo. Podemos recrearnos de una forma muy bonita, representando a nuestro colegio de forma respetuosa", indicó la estudiante.
La banda, guardada durante años, revivió en homenaje al fundador Humberto Vásquez durante la más reciente edición de los Juegos Intercursos Socorristas, un evento que reunió en una sola jornada a directivos, docentes, estudiantes y padres de familia.
Con estudiantes que representan a su colegio con orgullo, familias que reconocen su aporte formativo y una dirección que mantiene viva la memoria de sus fundadores, el Colegio El Socorro sigue demostrando que la educación de calidad también puede florecer en los sectores más vulnerables.



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